Las decisiones adoptadas por el Presidente Trump en los primeros nueve días de su mandato nos causan estupor y una honda preocupación. A través de sus órdenes ejecutivas, el Presidente ha acordado paralizar la acogida de refugiados y suspender la entrada de ciudadanos de países de mayoría musulmana: Siria, Yemen, Sudán, Somalia, Irak, Irán y Libia, siendo de carácter indefinido tal suspensión para los ciudadanos sirios.

 

Con estas decisiones el Presidente de Estados Unidos viene a poner en práctica una política xenófoba, de hostilidad y rechazo a los musulmanes, a los que de forma indiscriminada se priva de derechos fundamentales por el hecho de practicar una religión, vulnerando los artículos 2, 13 y 14 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, contraviniendo el derecho internacional humanitario y, en concreto, el artículo 3 de la Convención de Ginebra.

Europa sabe bien que la libertad y la paz en el mundo exigen del respeto de los derechos humanos y de la dignidad de las personas. La Declaración se hace eco de ello y en su Preámbulo se afirma que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, por lo que se plasma como ideal común para todos los pueblos y naciones su reconocimiento y aplicación universal y efectiva.

Para ello, el artículo 30 de la misma señala que nada de lo que se proclama en la Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiera derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendentes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en la misma.

Es mucho lo que está en juego con las decisiones del Presidente Trump que, además de las vulneraciones de derechos a que hemos hecho referencia, también ha prometido, entre otras cosas, reinstaurar la tortura y menospreciar a las mujeres.

Desde la Federación de Asociaciones para la Defensa y Promoción de Derechos Humanos exigimos de los representantes políticos de la Unión Europea y de nuestro país una clara condena y rechazo a las vulneraciones de los derechos humanos que comportan sus decisiones. Los silencios, en algunos casos, pueden interpretarse como complicidades.

Elisa Veiga Nicol, Presidenta de la Federación de Asociaciones de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos

Artículo publicado conjuntamente en Público y Actualidad Humanitaria

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